Portada de la novela El precio del deseo

El precio del deseo

9.4 / 10.0
Hannah queda impactada al hallar que el flamante esposo de su madre es Mark, el sujeto con el que vivió un encuentro apasionado. La tensión prohibida crece con la aparición de Ethan, el hijo mayor de Mark, quien introduce sentimientos confusos a la ecuación. Atrapada entre secretos oscuros y manipulaciones psicológicas, ella encara un triángulo afectivo letal. Ahora deberá elegir entre escapar del peligro o sucumbir ante una pasión que podría destruirla.

El precio del deseo Capítulo 1

Decidí que era el momento de dar un giro radical a mi vida tras romper con Liam, el idiota de mi exnovio. Me cansé de ser la ingenua que siempre da todo sin recibir nada. Ahora, más que nunca, quiero abrazar mi libertad, dejar de pensar en lo que los demás esperan de mí y empezar a hacer lo que realmente me plazca. Con mi amiga Vera, celebramos mi nueva soltería en un bar de moda cerca de la playa, disfrutando de la brisa marina en esta ciudad costera que he llegado a amar. Ha sido una larga y amarga etapa de mi vida, y esta es la despedida que merezco.

—Hoy es tu noche, Hanna —dice Vera con una sonrisa cómplice mientras pide otra ronda de tragos—. Hoy celebramos que dejaste atrás lo que no te hacía feliz, y que el futuro es todo tuyo.

Levanto mi copa y sonrío. Es una sonrisa ligera, un poco despreocupada, porque por primera vez en semanas me siento libre, libre de verdad. No es una libertad que depende de la compañía de otros, ni siquiera de la aprobación de nadie. Es mi libertad, la de elegir lo que quiero, cómo quiero, sin excusas ni remordimientos.

—Brindemos por eso —digo, y nuestras copas chocan con un sonido cristalino.

El bar está lleno, y la mezcla de risas, conversaciones y luces me envuelve como un abrazo cálido. Siento la arena en mis pies desde nuestra caminata por la playa al atardecer, y me doy cuenta de que no quiero dejar de sentir esta sensación de alivio, de que todo es posible. Respiro hondo, saboreando cada segundo de esta noche.

—No sé si es por estos tragos o qué, pero me siento viva, feliz —digo, con una risa que sale desde lo más profundo.

Vera se ríe, sincera, disfrutando el momento conmigo.

—Eso es porque estás dejando atrás la carga, Hanna. Estás siendo tú misma. Y hablando de dejar atrás, hay muchos hombres interesantes esta noche, ¿no crees? —dice, con una sonrisa pícara.

—No necesito de un hombre para disfrutar esta noche, pero... —miro alrededor, como tanteando el terreno—, no estaría mal un poco de diversión.

Vera levanta una ceja, divertida.

—Mira, te entiendo. Pero hazlo porque tú lo quieres, no porque él te hizo algo, ¿vale? —me dice con seriedad.

—Por supuesto. No se trata de Liam. Es sobre mí. Y, sí, podría hablar con alguien, ¿por qué no? Como ese hombre de la esquina. Parece interesante.

—Ese tipo parece mayor —comenta Vera, tratando de disimular una sonrisa.

—¿Y qué si lo es? Las canas no siempre significan vejez, a veces significan sabiduría —respondo, retadora.

Vera suelta una carcajada.

—Tú y tus metáforas... Pero sí, es atractivo.

—Exacto. Y hoy no voy a desperdiciar ni una sola oportunidad —le digo con firmeza.

Me levanto y camino hacia él, segura, sin titubeos. Sé lo que quiero. Cuando llego a su mesa, levanta la vista sorprendido, pero rápidamente sonríe. Nos presentamos y, en poco tiempo, estamos conversando animadamente. Hay una chispa de interés en sus ojos que me intriga, algo diferente de las conversaciones vacías que he tenido antes.

Mientras la noche avanza y las bebidas fluyen, la conversación se torna más íntima. Me siento atraída por su misterio, por su forma de mirarme directamente a los ojos, sin miedo. Mi mano roza la suya, y una corriente de excitación recorre mi piel.

—¿Siempre eres así de directa? —pregunta con una sonrisa divertida.

—Solo cuando sé lo que quiero —respondo, mirándolo con desafío.

—Y, ¿qué es lo que quieres esta noche, Hanna? —susurra, acercándose un poco más.

—Vivir sin remordimientos. Sentir que estoy tomando las riendas de mi vida —le digo, con una convicción que no admite dudas.

—Me gusta esa actitud —responde él, y hay algo en su voz, algo genuino que me hace sentir curiosidad por saber más de él.

Sé que esta noche podría ser solo eso, una noche. Pero también sé que no me arrepentiré. No porque busque una venganza, ni porque quiera llenar un vacío, sino porque he decidido que quiero vivir cada experiencia plenamente, con la conciencia de que cada decisión que tomo es mía, y solo mía.

—¿Qué te parece el destino? —pregunto, con una sonrisa ligera.

—Creo en las decisiones —responde, tomando mi mano con delicadeza—. Y creo que ambas hemos tomado la correcta esta noche.

Nos miramos, sabiendo que, pase lo que pase, hemos decidido vivir en el presente, sin miedo al mañana. Esta es mi vida, mi elección, y no hay nada más poderoso que eso.

—Eres un hombre muy atractivo y, para nada, aburrido. Estoy segura de que no estás solo, ¿verdad? —le digo con una sonrisa traviesa, jugando a ser despreocupada mientras mi mente analiza cada uno de sus gestos.

Mark se queda un momento en silencio, como midiendo sus palabras antes de responderme. Finalmente, me mira fijamente, con una mezcla de sinceridad y cierta provocación en sus ojos.

—No te equivocas. Estoy saliendo con alguien después del divorcio de mi esposa. —Sus palabras son directas, pero el tono de su voz lleva una carga de algo más, algo que me hace sentir curiosa.

Me río suavemente, con una mezcla de incredulidad y diversión.

—Eres el primer hombre que no niega estar con alguien para ligarse a otra mujer. O eres un caballero... o un idiota que se cree con suerte. —Me muerdo el labio con una chispa de travesura en los ojos, esperando ver cómo reacciona.

Mark sonríe, relajado pero serio al mismo tiempo.

—Soy un hombre que desea hacer las cosas bien. Me he equivocado antes, varias veces, y creo que he encontrado a la mujer indicada para convertirse en mi esposa. Sin embargo, en este momento, hay algo que me llena de dudas. Mi corazón grita descontrolado por tenerte a mi lado toda la vida y mi cabeza está luchando por no ceder al deseo carnal del momento. —Su voz baja, casi un susurro, se mezcla con la música de fondo.

—¿Te pongo muy nervioso? —le susurro, acercándome lo suficiente para que mi aliento roce su piel, sintiendo la electricidad en el aire entre los dos.

Mark respira profundo, con los ojos fijos en los míos.

—Más que eso, Hanna. Desde el instante en que cruzamos las miradas, sentí como una chispa que atravesó mi pecho y está creciendo a cada segundo... Y solo cesará un instante cuando te bese por primera vez. —Sus palabras son tan intensas que hacen que mi piel se erice.

Él toma la iniciativa y acerca sus labios a los míos, dejándome un beso tímido, pero lleno de promesas. No esperaba que fuera tan tierno, tan cuidadoso.

—¡Maldición! ¿Por qué tienes que ser tan perfecto? —susurro, apartándome ligeramente, sorprendida por mis propias palabras. Lo miro, sintiendo una mezcla de emociones contradictorias, pero luego decido seguir mis impulsos y me acerco de nuevo, esta vez tomando yo la iniciativa. Nuestros labios se encuentran en un beso largo y apasionado, único y especial.

Mark responde al beso con una intensidad que hace que mi corazón lata con fuerza descontrolada.

—Hace mucho que no siento esto por nadie —confiesa, con una sinceridad que parece tan real que hace que mi corazón se acelere aún más.

Me aparto un poco, aún sonriente, pero también cautelosa.

—Eres un mentiroso. Todos los hombres dicen lo mismo para llevarse a una mujer a la cama —le digo con una sonrisa burlona, pero hay una chispa de incertidumbre en mis ojos.

Mark se ríe suavemente, y su risa es cálida, genuina.

—No soy como todos —dice, acercándose más, rozando sus labios con los míos de nuevo, como si no pudiera evitarlo.

—¡Por favor! Confiesa. Quieres llevarme a la cama —le reto, divertida, disfrutando de este juego.

—No voy a negarlo, pero solo sucederá si tú lo deseas —me responde, mirándome con una mezcla de deseo y sinceridad que no puedo ignorar.

Levanto una ceja, retadora.

—¿Y si digo que no? —pregunto, disfrutando del poder que siento en esta situación.

Mark sonríe, con una mirada que refleja determinación.

—No haré nada... pero lucharé incansablemente para que suceda algún día.

No puedo evitar sonreír, impresionada por su honestidad. Me doy cuenta de que hay algo más en él, algo que no esperaba encontrar esta noche.

—¿Y qué pasará con la mujer que está contigo ahora? —pregunto, con una chispa de curiosidad y quizás algo de celos.

Mark suspira, como si estuviera considerando cada palabra antes de hablar.

—Estamos saliendo, pero no es nada formal. Los caminos suelen tener desvíos sin retorno —dice, con una voz calmada, pero hay un matiz de duda.

—Entonces, parece que tenemos un desvío esta noche —digo, acercándome un poco más, sintiendo la urgencia de la situación.

—¿Eso es un sí? —pregunta, mirándome con intensidad.

Sonrío, bajando la voz en un susurro.

—Es un sí, pero solo porque quiero que esta noche sea inolvidable —le respondo antes de besarlo de nuevo, más intensamente, dejándome llevar por el deseo que ambos compartimos en ese momento.

Nuestros cuerpos se acercan, y por un momento todo lo demás desaparece. Pero entonces, miro de reojo hacia donde debería estar Vera, y al ver el lugar vacío, entiendo que la noche aún guarda más sorpresas. Tomo una decisión en mi mente y me pongo de pie.

—Ya no quiero estar aquí —declaro, sintiendo una mezcla de emoción y expectativa.

Mark me sonríe, como si entendiera exactamente lo que estoy pensando.

—Conozco un lugar especial —responde, y hay algo en su voz que me invita a confiar.

—¿Tu cama? —pregunto, riendo un poco.

—Podría ser —me responde, con una sonrisa que me hace sentir una cálida oleada de emoción.

Salimos del bar y nos adentramos en la serenidad nocturna, caminando por la playa. El murmullo del mar nos acoge con su suave arrullo, y siento el brazo de Mark rodear mi cintura con firmeza y delicadeza.

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