Portada de la novela Disturbia

Disturbia

8.3 / 10.0
Tras años de abandono y adicciones maternas, Jericho busca refugio con su padre, ocultando su dolor tras una vida de fiestas. Aunque un trauma la alejó del canto, conocer al célebre músico James pone a prueba su determinación. Sin embargo, un inesperado accidente altera el rumbo de su incipiente conexión y pone en riesgo sus esperanzas. En este complejo escenario, James intentará sanar sus heridas y ayudarla a recuperar la voz que juró silenciar.

Disturbia Capítulo 1

¿Alguna vez tuvieron la sensación de que hicieran lo que hicieran, su mente siempre dirá que está mal? Aunque todos te feliciten, te den halagos, aplausos o las enhorabuena. Dentro de mí, nunca será suficiente.

Por esa razón estoy pensando en estas cosas ahora mismo, me encontraba mirando las piedras con arena del suelo de la cima de la montaña a la que papá había querido subir, me temblaban las piernas y podía escuchar cada latido de mi corazón. No siempre he tenido este miedo a las alturas, desde que empecé a tener trastornos de ansiedad este tipo de cosas fueron comunes en mi vida cotidiana.

Papá disfrutaba las vistas como un niño chico, para no fastidiar su momento de felicidad decidí respirar hondo y levantar mi cabeza del suelo, y joder, estábamos altísimos.

Sonriendo con cara de póker papá y yo nos hicimos un par de fotos y decidimos irnos al rato, con pánico, sudores y bajadas aceleradas de la montaña suspiré tranquila al pisar terreno llano, por fin.

¿Pero, que sería de esta historia si no sabéis nada de mí?

Me llamo Jericho, Jericho Mills. Tengo 20 años y soy una bala perdida entre tantas dianas. Algunos me odiarán y otros me amarán. Me daréis juicio y sentencia, pero todo es por una razón, creedme.

Mi padre se llama George, es militar. Es la persona que más amo en todo este universo. Mi vida nunca fue fácil, lo que conlleva a que la suya fue peor todavía por culpa de una persona llamada Claire, perdona a la que me "obliga" a llamar madre.

Mi madre en cambio, nunca está ni estuvo desde que tengo memoría, estuvo escaso tiempo antes de que se volviera adicta a la droga tras la muerte de su hermana por cáncer, la cuidó hasta el último momento y le sobrepasó factura, al menos eso dice papá.

Papá y yo nos mudamos a Sausalito, una ciudad en el área de la Bahía de San Francisco, en el condado de Marin, California. Tras las no tan afortunados años viviendo con mi madre, papá decidió que lo mejor era mudarnos los dos, lejos de ella. Yo vivía con mamá en sus años... ¿Felices? Fiesta tras fiesta, personas que pasaron casa, yo era una facilidad para "comprar" droga, acabé como ella muy joven hasta que papá decidió poner remedio.

Pensando en mamá, en mi mierda de adolescencia y en sus problemas que nos ha arrastrado con ella, me encontraba viendo cegada las luces de las farolas en la oscura autovía, con Kansas de fondo me ahogaba en mis pensamientos más oscuros

—¿Quieres que cenemos fuera?

—Bueno.

—No te preocupes por lo del monte, lo has hecho muy bien —miré a papá conducir — Nos hemos hecho una foto, estoy muy orgulloso de tí.

Me emocionaba escuchar esas palabras que mamá nunca me decía, normalmente eran gritos, insultos o gemidos placenteros al inyectarse el crack

—Muchas gracias, papá —sonreí— ¿Donde vamos a cenar? Me apetece una birra.

Me miró sorprendido con esos ojos castaños y brillantes, intentando no sacar toda su risa de él

—¿Birra? ¿Que eres, un americano que va a ver a los yankees?

—Tengo mis momentos.

—¿Quieres que vayamos a ver a Elisa? Podemos cenar allí, hay buena comida —su expresión es tan inocente que es enternecedora

—¿Quieres ir a cenar o a verla? —subí una ceja en modo cuestionario

—No seas boba, la ensalada de allí es increíble.

—Increíblemente cara para ser lechuga —reimos en alto dejándonos inundar por el rock clásico de la cinta de mi padre

Una vez sentados en la mesa esperamos a que vinieran a atendernos con nuestra orden ya pensada y clara

—¿Nos habrá visto Elisa? —sonreí al ver su nerviosismo

—No lo sé, puede que n-

—YO CONOZCO ESA MELENA RUBIA! —saltamos de la silla del susto de su grito

—Sí, nos vio —sonrió papá. Elisa vino corriendo desde lo más lejos de la cafetería solo para dar un gran y amoroso abrazo, enterré mi cara en sus hombros y apretamos con cariño

—Pero chica, qué tipín! —se echó sus manos a la cara— es fantástico ver tu sonrisa de oreja a oreja

—¿Cómo está todo? — asentí tímida

—Ya ves —señaló al local — prácticamente vivo aquí —reí al ver el codazo que le acababa de meter a mi padre — Si no viene tu hija no vienes a verme

—He estado ocupado —se aclaró la garganta y las dos rodamos los ojos

—Misma historia de siempre —sonrió gentil y amable — ¿Que os pongo de beber?

—Una coca cola y una ensalada césar con extra de pollo para mí —papá me miró orgulloso

—Yo quiero una hamburguesa con doble de carne y patatas Deluxe con agua con gas, gracias. —con un "Marchando!" se marchó a dejar la comanda y a seguir atendiendo, Papá en cambio me miraba con una ceja encarnada

—¿Qué te pasa?

—¿Agua con gas? —burló la manera en la que lo dije

—¿Que problema hay? El agua con gas estabiliza el estómago, a parte, te ayuda con los gases.

—¿Según que fuente? Jerichoesimbecil@.com —no terminó de decir la frase cuando le había tirado una servilleta a la cara— Oye!

—No te burles de mí.

—Dices que bebes agua con gas por que sufres de gases, pero ese agua lleva gas. ¿No te darán más gases?  —lo miré lo más curiosa que pude por qué si lo escuchabas bien, tenía razón

—Déjame con mi fantasía! —después unos diez minutos siendo niños pequeños nos trajeron la comida, sin darme cuenta de que nos habían puesto los platos equivocados miré a papá para decirle que me diera mi plato, sin éxito ya que él estaba atento a Elisa. Ellos dos siempre se llevaron tan bien que su química es inigualable

—Si no me das mi hamburguesa doble creo que te arrancaré la mano antes de que te des cuenta —agarré el plato con los dedos — ¿Oye!?

—¿Qué? —visualizó los platos — Dame mi ensalada acaparadora, dijiste que querías hamburguesa.

El tick en el ojo era inevitable no verlo y mi expresión facial llegaba a límites insospechados de la indignación.

Al rato ya empezamos con el postre, yo había pedido un batido de chocolate y papá de vainilla con un trozo de tarta para compartir. Elisa sonreía a papá cada vez que pasaba por nuestro lado, sonreí a la mirada tímida de ambos hasta que me topé con la de papá

—Papá, das miedo.

—¿Y eso por qué? —sus ojos volvieron a los míos

—¿Cuando van a salir en cita? Ambos lo están deseando. —papá parpadeó tanto que parecía que sus globos saldrían de sus huecos

—No, no lo sé. Quizá en un tiempo —con mis ojos en blanco y mi veneno a punto de salir como palabras presté atención a los platos rotos que estábamos oyendo, Elisa estaba con una mesa en la que habían cinco hombres, que ellos estaban riéndose mientras veían a Elisa con su rostro rojo en vergüenza recoger todo lo del suelo.

—No te está mal lo que acaba de pasarte, siempre estás recogiendo la mierda del suelo —bufó uno de ellos

—Este no es el momento indicado para esto, estoy trabajando — replicó Elisa ahora enojada

Papá y yo cruzamos miradas y ya sabíamos que teníamos que hacer. Habían dos opciones, ir yo y que posiblemente se haga barullo...o que vaya papá y haya pelea. Entre miradas decidí levantarme e ir a ayudar a Elisa, papá quedó tranquilo sin apartar sus enojados ojos de nosotras

—Deja que te ayude, ¿Estás bien ? —le di una pequeña sonrisa

—Damos gracias a Dios por otra más joven! —alzó uno su vaso al cielo y todos le rieron las gracias

Elisa y yo compartimos miradas cómplices, sabía que quería que me fuera del lugar cuanto antes. Aún así, seguí ayudándola a recoger

—¿Tú también vendrás a vernos después? —pude sentir el aliento del hombre en mi nuca

—Escúchame, gilipollas —me encaré dando la vuelta — creo que es hora de que te vayas y dejes el sitio libre a gente que de verdad necesite el puto aire que tú estás respirando. —su rabia subía por sus mejillas

—¿Nunca has oído hablar de los Vitale? —preguntó enfadado, MUY enfadado

—No, la verdad es que no.

—Pues yo soy Marco Vitale. Y te puedo asegurar que tú linda bocaza no va a sobrepasar más la delgada line..

Segundos tardé en visualizar su perfil arrugarse y esfumarse de vista junto al puño de papá detrás. Sus amigos se levantaron de la mesa alarmados para revisar al hombre que ahora se encontraba inconsciente en el piso. Papá jugó con los demás haciéndole señas para que se levantarán y pelearan, pero ninguno accedió. Un muchacho apareció por la puerta, llevaba una sudadera negra con la capucha puesta, sus verdosos ojos se cruzaron los míos antes de visualizar a la persona que estaban levantando del suelo ya consciente, con una mirada de terror buscó con la mirada por el local, deje de prestar atención para atender a papá

—Coged a vuestro amigo de mierda y salid de aquí cagando leches.

Con malas caras y maldiciendo hicieron caso, los hombres se llevaban a ese tal Marco y el chico de la sudadera ya no estaba. Un chico con la piel blanca como la nieve y vestido de chándal se acercó a mí lado de la barra

—No tienes ni idea de lo que has hecho. —dejó salir ese chico joven con ojos azules como el cielo y gruesos labios rosados. Pude notar un poco de temblor en sus pupilas

—Vengo del puto infierno, no me asusta un madurito con aires de diva.

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Tabla de contenidos de Disturbia

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